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República romana

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(Redirigido desde República Romana)


Para los estados modernos véase República Romana (1798-1799)y República Romana (1849)
Senatus Populusque Romanus
República romana

Máxima extensión de la República (año 27 adC).


Lema: Senatus Populusque Romanus (Senado y Pueblo Romanos)

Emblema:
Águila

predecesor Monarquía Romana sucesor Imperio Romano
Idioma oficial Latín
Capital Roma, Pobl. 1.000.000 (44 adC)
período 509 adC - 27 adC
Forma de Gobierno República
Jefe de Estado Cónsul
Cuerpo legislativo Senado romano
Área 2.500.000 km² (50 adC)
Población
Divisa Denario, Sestercio

La República Romana fue un estado de la antigüedad ( 509 adC- 27 adC ). Con un sistema de gobierno democrático regido y perpetuado por la aristocracia. Durante esta etapa de la Antigua Roma, Roma experimento un extraordinario crecimiento territorial, cultural y económico.

En el siglo V adC consolido su poder en el centro de Italia, en los siglos IV y III adC se impuso como potencia dominante de la península Italiana sometiendo a los demás pueblos itálicos y enfrentándose a las ciudades griegas del sur. En la segunda mitad del siglo III adC proyecto su poder con miras fuera de Italia. Lo que le llevo a una serie de enfrentamientos con las otras grandes potencia del mediterráneo en las que derroto sucesivamente tanto a Cartagineses como a Macedonios anexionándose su territorio. En los años siguientes siendo la mayor potencia del mediterráneo expandió su poder sobre las polis griegas, el reino de Pérgamo fue incorporado a la República y en el siglo I adC se conquistaron las costas de oriente próximo a los descendientes de los seleucidas y a los piratas. Roma en este periodo durante el final del siglo II adC y el siglo I adC experimento grandes cambios políticos por una crisis creada por un sistema acostumbrado a dirigir solo a romanos y no adecuado a controlar grandes extensiones del mundo conocido. En este tiempo se intensifica la competencia por las magistraturas entre la aristocracia romana, creando irreconciliables fracturas políticas que sacudirían a la República con tres grandes guerras civiles, estas guerras terminarían destruyendo la República. Surgiendo una nueva etapa el Imperio Romano



Tabla de contenidos

[editar] Nacimiento de la República

Roma antes de la llegada de la República era una monarquia de caracter electivo. El séptimo y último rey de Roma Tarquinio el Soberbio. Utilizo la violencia, el asesinato y el terror para mantener el control sobre Roma como ningún rey anterior los había utilizado, derogando incluso muchas reformas constitucionales que habían establecido sus predecesores.

Tarquinio abolió y destruyó todos los santuarios y altares sabinos de la Roca Tarpeya, enfureciendo de esta forma al pueblo romano. El punto crucial de su tiránico reinado sucedió cuando permitió la violación de Lucrecia, una patricia romana, por parte de su propio hijo Sexto. Un pariente de Lucrecia, Lucio Junio Bruto convocó al Senado, que decidió la expulsión de Tarquinio en el año 510 adC.

Tras la expulsión de Tarquinio. Inmediatamente se creó un Senado permanente, que decidió abolir la monarquía convirtiendo a Roma en una república en el año 509 ad. Roma se doto con un nuevo sitema de gobierno designando, para sustituir el liderazgo de los reyes. Asignandose a dos senadores expresamente un nuevo cargo con el título de cónsul. Inicialmente, los cónsules poseía todos los poderes que antaño pertenecían al rey, compartidos con otro colega consular. Sus mandatos eran anuales, y cada cónsul podía vetar las actuaciones o decisiones de su colega.

Posteriormente, los poderes de los cónsules fueron divididos, añadiendo nuevas magistraturas que acapararon distintos poderes menores de los originales del rey. Las primeras de ellas fueron las de pretor, que reunía las potestades judiciales de los cónsules, y la de censor, que poseía el poder de controlar el censo. Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, sobrino de Tarquinio y viudo de Lucrecia, se convirtieron en los primeros cónsules del nuevo gobierno de Roma.

El primer acto de Bruto como cónsul fue obligar a Colatino a renunciar bajo el pretexto de que él era un Tarquinio y Roma no sería libre hasta que todos los Tarquinios se fueran. Colatino se vio presionado y se mudó al pueblo latino de Lanuvium. Luego el Senado decretó que todos los Tarquinios debían ser exiliados y el pueblo eligió como nuevo cónsul a Publius Valerius, amigo de Bruto. Aparentemente a nadie le interesó que a pesar de que Bruto no portaba el nombre Tarquinio, él era un pariente más cercano a los reyes que el exiliado Colatino.

[editar] Organiazación Social

Tras las caída de la monarquía se estableció en Roma un régimen aristocrático dirigido por unas cuarenta gens, los patricios, jefes de las familias más antiguas de Roma. El nuevo sistema político que se instaura se llamará Respublica de Res populica, la ley del pueblo. Los órganos políticos del nuevo régimen creado son el Senado, las magistraturas y las Asambleas Comiciales.

Artículo principal: Senado Romano

Senado es el segundo pilar de la constitución de la República, tenía una gran importancia en razón de que era el órgano político que exigía responsabilidades a los cónsules. Originariamente el Senado estaba formado sólo por patricios, pero a partir de la Lex Ovinia del año 312 adC se admitió a los primeros senadores plebeyos. La auctoritas del Senado daba validez a los acuerdos tomados en las asambleas populares. También el Senado resolvía los casos de interregnum, situación que acontecía cuando moría uno de los cónsules. Fue tan importante en esta época que se comparaba al Senado con una «asamblea de reyes».

Artículo principal: Magistratura romana

La Magistratura es un cargo original de la República. La jefatura que ostentaba el rex fue sustituida por magistrados colegiados y temporales llamados cónsules (en número de dos), a los que se le podía exigir responsabilidad por su tarea de gobierno. Otra característica de la magistratura es la intercessio o poder de veto que tenía un magistrado con respecto al otro.

Artículo principal: Asambleas romanas

Las nuevas asambleas populares llamadas Comitia Centuriata, nacieron como órgano típico de la República, por necesidades militares, en íntima conexión con la expansión de la civitas y con la llegada a Roma de un nuevo concepto de táctica militar. En la época monárquica el ejército estaba integrado sólo por miembros de las antiguas gentes. Desde época republicana el sistema de reclutamiento y de táctica será un sistema plutocrático; esto es, según la riqueza de cada habitante de la ciudad. En una primera época sólo se estimaría la riqueza inmobiliaria; en una época más tardía, la mobiliaria. El armamento de cada ciudadano dependía de la riqueza de cada uno. Los romanos eran distribuidos en una escala de grupos o clases como base para el reclutamiento. Dentro de cada clase, se agrupan un determinado número de centurias de seniores y otro número igual de iuniores.


[editar] Historia de la constitución de la República

Cabe distinguir tres etapas:

Representación de una reunión del Senado Romano: Cicerón ataca a  Catilina, en un fresco del siglo XIX
Representación de una reunión del Senado Romano: Cicerón ataca a Catilina, en un fresco del siglo XIX

La Primera en el siglo V adC, el poder era detentado por los patricios, siendo conocido como el Estado Gentilicio. Bajo este tipo de gobierno, la plebe quedaba excluida del gobierno y carecía de derechos políticos. Así, el Estado Gentilicio, que es la primera etapa de la República romana, no fue un Estado Ciudadano ya que no todos los cives tenían igualdad de derechos y deberes. El grupo aristocrático que arrebató el poder al rex lo organizó en beneficio propio, abundando en esta época las luchas entre los propios patricios por el poder personal. Este confuso período dio origen a la implantación de la Dictadura y los distintos jefes militares trataron de alcanzar el poder apoyándose unas veces en la plebe y, otras, en la fuerza de las armas o en la invasión de Roma por pueblos enemigos. Otras veces, la pugna por el poder se efectuaría mediante la prórroga de los cargos políticos excepcionales (decemviri), encargados de redactar la Ley de las XII Tablas, Lex duodecim tabularum. Este tipo de gobierno fue la causa de una lucha dramática de los plebeyos para conseguir derechos políticos. Esta lucha duró hasta finales del siglo IV adC.

La segunda etapa durante el Siglo III-II adC. La república alcanzó su equilibrio en el siglo III adC. Los primeros tiempos de la república estuvieron marcados por la lucha de la plebe para obtener una representación y un peso político que los magistrados que sucedieron a los reyes, los cónsules y los senadores, todos ellos patricios, no estaban dispuestos a conceder. Las nuevas asambleas, los comicios centuriados, estaban dominadas por los terratenientes ricos, también de origen patricio.

Foro Romano
Foro Romano

Para obtener la igualdad los plebeyos recurrieron a la secesión, se retiraron al Aventino y obtuvieron la creación de los tribunos de la plebe 494-471, encargados de defender sus intereses. Eran elegidos por la asamblea de plebeyos concilium plebis que votaba las decisiones aplicables a los plebeyos. Progresivamente, los plebeyos tuvieron acceso a todas las magistraturas. La igualdad de todos ante la ley fue codificada por la ley de las Doce tablas a mediados del siglo V adC.

Hacia mediados del s. III adC la actividad política seguía teniendo como marco la ciudad de Roma y sus alrededores y sólo los ciudadanos romanos gozaban de todos los derechos políticos. Roma organizó el territorio italiano alrededor de las ciudades, estableciendo mediante tratados el status de cada una de ellas colonias romanas, municipios, colonias de derecho latino y ciudades aliadas tanto más duro cuanto mayor hubiese sido su resistencia a la conquista.

El conjunto de los ciudadanos, el populus romanus, se reunía en asambleas los comicios. Los comicios centuriados, dominados por los ciudadanos ricos, ocuparon un lugar preponderante: elegían a los magistrados importantes y votaban las leyes. En 287 adC, el concilium plebis se convirtió en comicios tributos, abiertos a los patricios, emitían los plebiscitos aplicables como leyes a todos los ciudadanos, elegían a los tribunos de la plebe y los magistrados inferiores. Estaban igualmente controlados por los ciudadanos ricos. De hecho, el pueblo no tenía más que la apariencia del poder, realmente en manos de la nobilitas, clase política nueva aparecida en el s. III adC. y constituida por ricos patricios o plebeyos. Las magistraturas, jerarquizadas en el cursus honorum, eran igualmente colegiales y anuales. En la base de la escala se encontraban los cuestores, después los ediles. Los pretores podían mandar ejércitos y ayudar a los dos cónsules, que presentaban las leyes a los comicios y eran comandantes en jefe. Cada cinco años se elegían dos censores para preparar el censo de los ciudadanos. En caso de gran peligro, se podía designar un dictador, con todos los poderes, por un plazo de seis meses. Un poco al margen del cursus, los diez tribunos de la plebe extendían sus poderes a todos los ciudadanos y presidían los comicios tribunos, a los que presentaban los proyectos. Todos los magistrados estaban controlados por el senado, que, en el s. III adC, era una asamblea de antiguos magistrados. Dueño de la política exterior, dominaba también la política interior, porque los magistrados, que formaban parte de la clase senatorial, observaban escrupulosamente los consejos de los senadoconsultos, con fuerza de ley. El senado velaba sobre el Tesoro Aerarium y era el guardián de la religión. Mientras que los comicios y los magistrados sólo tenían la apariencia del poder, el senado lo detentó en realidad. Este conflicto dio lugar a la división entre populares y optimates, siendo partidarios los primeros de aumentar el poder de tribunos y de los comicios populares y los segundos, los optimates deseaban limitar el poder de las asambleas populares romanas y aumentar el del Senado Romano, al que consideraban como más estable y mejor a la hora de buscar el bienestar de Roma. Los optimates favorecieron los nobiles familias nobles y se opusieron a la ascensión de los 'hombres nuevos' (plebeyos, normalmente nacidos en las provincias, cuyas familias no tenían experiencia política) dentro de la política romana.

La tercera y ultima etapa, durante el siglo I adC, una epoca llena de crisis dictduras y guerras civiles, que dieron paso al Principado, primera etapa imperial de Roma

[editar] Consolidación como potencia itálica

Cuando el imperio etrusco se debilitó, los romanos expulsaron a su rey etrusco 504 adC, y fundaron la república. La actividad de los primeros romanos fue esencialmente rural. Los ciudadanos estaban agrupados en tres tribus: tricios, ramnos y lucerios, divididas en diez curias. La asamblea de jefes, patres de las principales familias, el senado, secundaba al rey, detentador esencial de un poder sin duda electivo y vitalicio.

Los primeros siglos de la república vieron la progresiva conquista de la Italia peninsular por parte de Roma. El instrumento de la conquista, la legión, estaba compuesta por ciudadanos, reclutados en tiempos de guerra. A medida que avanzó en su conquista, Roma utilizó los contingentes de las ciudades dominadas y aliadas como tropas auxiliares. Tras las guerras latinas, que otorgaron a la República de Roma el control de todo el territorio del Lacio, los samnitas se opusieron al creciente poder de esta peligrosa potencia emegente y se enfrentaron a ella en tres conflictos conocidos como las Guerras Samnitas, que son documentadas por Tito Livio.

En la Primera guerra samnita del 343 - 341 adC, provocada por una alianza firmada entre Roma y Capua. Los samnitas asediaron Capua, pero fueron rechazados y Roma ganó la guerra, aunque no logró ninguna ventaja frente a sus enemigos. En la Segunda guerra samnita 327 - 302 adC. Los romanos intentaron esta vez atacar ellos a los samnitas, pero fueron derrotados en la batalla de las Horcas Caudinas y tuvieron que retirarse. Tras la derrota intentaron iniciar otra ofensiva en 316 adC, pero de nuevo fueron derrotados. Tercera guerra samnita 299 - 290 adC. Los samnitas se aliaron con los etruscos y con las tribus galas del sur de Francia, pero fueron derrotados en la Batalla de Sentinum en el año 295 adC. Como consecuencia los samnitas fueron subyugados y la región del Samnio sometida.

Roma venció sucesivamente a los pueblos del Lacio, a los etruscos, los galos, que se habían instalado en la llanura del Po, los samnitas, y las ciudades del sur de Italia, que pese a la intervención del rey de Epiro, Pirro, fueron conquistadas por Roma entre 280 y 275 adC.


[editar] Primeras campañas italianas (458?396 adC)

Este mapa muestra los vecinos etruscos de Roma
Este mapa muestra los vecinos etruscos de Roma

Las primeras guerras romanas no apócrifas fueron guerras de expansión y defensa cuyo objetivo era proteger a Roma de las ciudades y naciones vecinas y establecer su territorio en la región.[1] Floro escribe que en esta época:

Sus vecinos, por todos los lados, los acosaban continuamente... y, por cualquier puerta por la que salieran, siempre se encontraban con un enemigo.[2]

Aunque las fuentes discrepan, es posible que Roma fuera sitiada dos veces por los ejércitos etruscos en este periodo, la primera vez alrededor del 509 adC, bajo el recién depuesto rey Tarquinio el Soberbio,[3] [4] y de nuevo en 508 adC bajo el etrusco Lars Porsenna.[5] [3] [6] [2]

Inicialmente, los vecinos inmediatos de Roma eran pueblos o villas latinas[7] con un sistema tribal similar al de Roma, o bien sabinos tribales de los montes Apeninos y más allá.[8] Uno tras otro, Roma venció a los persistentes sabinos y a las ciudades locales que estaban bajo control etrusco o los pueblos latinos que habían desechado a sus gobernantes etruscos, como había hecho Roma.[8] Roma venció a los lavinios y a Tusculum en la Batalla del Lago Regilo en 496 adC,[9] [10] [7] a los sabinos en una batalla desconocida en 446 adC,[9] a los ecuos en la Batalla del Monte Álgido en 458 adC y en la Batalla de Corbione en 446 adC[11] ), a los volscos[12] en la Batalla de Corbione[13] en 446 adC y la captura de Antium en 377 adC[14] ), a los aurunci en la Batalla de Aricia,[15] y a los veyentes en la Batalla del Cremera en 477 adC,[16] [17] la Captura de Fidena en 435 adC[18] [17] y el Sitio de Veyes en 396 adC.[13] [18] [17] [19] Tras vencer a los veyentes, los romanos habían completado efectivamente la conquista de sus vecinos etruscos inmediatos,[20] además de asegurar su posición contra la amenaza inmediata que suponían las tribus de los montes Apeninos.

Sin embargo, Roma controlaba todavía un área muy limitada, y los asuntos de Roma tenían poca importancia incluso en el contexto de Italia: por ejemplo, los restos de los veyentes se encuentran enteramente en el interior de los suburbios de la Roma moderna[13] y los asuntos de Roma solo empezaban a llamar la atención de los griegos, la fuerza cultural dominante en esa época.[21] En ese momento, la mayor parte de Italia seguía en manos de los latinos, los sabinos, los samnitas y otros pueblos de la parte central de Italia, de las colonias griegas del sur y, sobre todo, de los pueblos celtas, incluyendo los galos, por el norte. En esta época, la civilización celta era vivaz y estaba creciendo en fuerza y territorio, y se extendía, aunque sin cohesión, por gran parte de la europa continental. Fue a manos de los celtas galos que los romanos sufrirían una humillante derrota que retrasaría su avance y dejaría huella en la conciencia romana.

[editar] Expansión romana en Italia (343?282 adC)

Véase también: Guerras Samnitas
Montes Apeninos alrededor de Samnio
Montes Apeninos alrededor de Samnio

Tras recuperarse con sorprendente rapidez del saqueo de Roma,[22] los romanos retomaron inmediatamente su expansión por Italia. A pesar de sus éxitos hasta el momento, su dominio del conjunto de Italia no estaba asegurado de ninguna manera en aquel momento: los samnitas eran un pueblo tan marcial[23] y tan rico[24] como el romano y con un objetivo propio de asegurarse más tierras en las fértiles[24] planicies italianas sobre las que se encontraba la propia Roma.[25] La Primera Guerra Samnita, que tuvo lugar entre el 343 adC y el 341 adC y fue consecuencia de las incursiones generalizadas de los samnitas en el territorio de Roma,[26] fue un episodio relativamente corto: los romanos vencieron a los samnitas tanto en la Batalla del Monte Gauro, en 342 adC, como en la Batalla de Suessula, en 341 adC, pero tuvieron que retirarse de la guerra antes de terminar con el conflicto, debido a la revuelta de varios de sus aliados latinos en la Segunda Guerra Latina.[27] [28]

Roma, por tanto, se vio forzada a enfrentarse alrededor del año 340 adC contra las incursiones samnitas en su territorio y, simultáneamente, a participar en una agria guerra contra sus anteriores aliados. Roma venció a los latinos en la Batalla del Vesubio y de nuevo en la Batalla de Trifano,[28] tras lo cual las ciudades latinas quedaron obligadas a someterse al gobierno romano.[29] [30] Quizás debido al trato indulgente que le dispensó Roma a su enemigo vencido,[27] los latinos se sometieron muy amigablemente al gobierno romano durante los siguientes 200 años.

La Segunda Guerra Samnita, del 327 adC al 304 adC, fue mucho más larga y un acontecimiento mucho más serio tanto para los romanos como para los samnitas,[31] que duró más de veinte años y constó de veinticuatro batallas[24] que produjeron cuantiosas bajas en ambos bandos. La fortuna de ambos contendientes fluctuó durante el curso de la guerra: los samnitas tomaron Neapolis en la Captura de Neapolis en 327 adC,[31] y los romanos la recapturaron antes de perder en la Batalla de las Horcas Caudinas[31] [32] [24] y en la Batalla de Lautulae. Luego los romanos resultaron victoriosos en la Batalla de Boviano, y la marea corrió fuertemente en contra de los samnitas a partir del 314 adC en adelante, llevándoles a pedir la paz en términos cada vez menos generosos. En 304 adC los romanos se habían anexionado la mayor parte del territorio samnita, fundando varias colonias. Este patrón de ir al encuentro de las agresiones y ganar terreno casi inadvertidamente en contraataques estratégicos terminaría convirtiéndose en una característica común de la historia militar de Roma.

Siete años después de su derrota, con un dominio de Roma sobre la zona que parecía asegurado, los samnitas se alzaron de nuevo y vencieron a los romanos en la Batalla de Camerino en 298 adC, comenzando así la Tercera Guerra Samnita. Con este éxito consiguieron reunir una coalición de varios enemigos anteriores de Roma, de los que probablemente todos deseaban evitar que ninguna de las facciones dominara toda la región. El ejército que se enfrentó a los romanos en la Batalla de Sentino[32] en 295 adC incluía a los samnitas, los galos, los etruscos y los umbros.[33] Cuando el ejército romano halló una convincente victoria sobre estas fuerzas combinadas, debió quedar claro que poco se podía hacer para evitar el dominio romano de Italia. En la Batalla de Populonia, en 282 adC, Roma terminó con los últimos vestigios del poder etrusco en la región.

[editar] Expansión Mediterránea-República romana media (281 adC ? 148 adC)

A partir de mediados del s. III adC, Roma, que ya dominaba toda la Italia peninsular, inició una larguísima serie de guerras que la llevaron a dominar el mundo mediterráneo. Las guerras púnicas marcaron la primera etapa de esta expansión. La ciudad de Cartago, situada en la costa del Túnez actual, había creado un imperio marítimo que dominaba todo el Mediterráneo occidental, con colonias en Hispania, Baleares, y sobre todo Sicilia, de donde llegó a expulsar a los griegos. En 264 adC. Roma decidió ocupar las colonias cartaginesas en Sicilia. Para ello construyó una flota de guerra, y tras años de batallas de distinto signo, en 241 adC. Cartago tuvo que capitular, y los romanos, tras apoderarse de Sicilia, aprovecharon el debilitamiento de su enemigo para ocupar Córcega y Cerdeña, y para penetrar en la Galia Cisalpina. La segunda guerra púnica 218-201 adC se desarrolló en Hispania, Italia y finalmente África. La difícil victoria final de Roma supuso la ocupación de Hispania, con sus ricos yacimientos argentíferos, así como el aniquilamiento, primero político 201 adC, y más tarde material, de Cartago que en 146 adC. fue totalmente destruida. Su población fue exterminada o esclavizada, y su territorio pasó a convertirse en la provincia romana de África.

En el Mediterráneo oriental, Roma se enfrentó sucesivamente a los monarcas de los estados helenos surgidos del imperio de Alejandro: Filipo V 197 y Perseo 168, reyes de Macedonia, y Antíoco III de Siria 189. Macedonia y Grecia se convirtieron en provincias (146). Atalo III de Pérgamo legó su reino a Roma 133, erigido en provincia romana de Asia.

Roma consolidó su dominio de la cuenca occidental del Mediterráneo con el establecimiento de numerosas colonias en la Galia cisalpina, la definitiva conquista de Hispania (toma de Numancia, 133 adC., y la ocupación de la Galia del sur, que, convertida en provincia, la Narbonense, permitió la unión terrestre de Hispania con Roma por la via Domitia.

[editar] Desequilibrio económico y social

Estas conquistas comportaron una verdadera revolución económica. El botín, las indemnizaciones de guerra, y los tributos pagados por las provincias, enriquecieron al estado y a los particulares. Los miembros de la clase senatorial acapararon las tierras que el estado se había reservado en las conquistas el ager publicus, los caballeros administraron la explotación de los bienes públicos (por eso su nombre de publicanos) en la que se entregaron a la especulación. Pero las conquistas trastocaron también el frágil equilibrio social de la república: los esclavos, cada vez más numerosos, se rebelaron Espartaco, 73-74 adC muchos pequeños campesinos italianos, arruinados, aumentaron la plebe urbana de Roma, cada vez más susceptible de manipulación demagógica; los habitantes de los territorios ocupados estaban descontentos por la explotación pura y dura a la que estaban sometidos por sus gobernantes; los italianos deseaban la igualdad con los romanos y los caballeros, los mismos honores que los senadores. Las instituciones creadas para administrar una ciudad no servían para el nuevo gran imperio. Al mismo tiempo, el gusto por el lujo se introdujo en las costumbres a pesar de las leyes suntuarias. El arte y la literatura se transformaron por influencia del oriente helenizado.

[editar] Guerra Pírrica (280?275 adC)

Ruta de Pirro de Epiro
Ruta de Pirro de Epiro

Al final del siglo III adC Roma se había establecido como una gran potencia de la península itálica, pero todavía no había entrado en conflicto con las potencias militares dominantes del Mediterráneo de la época: Cartago y los reinos griegos. Roma había vencido completamente a los samnitas, dominaba a sus pueblos latinos compañeros, y había reducido en gran medida el poder etrusco en la región. Sin embargo, el sur de Italia estaba controlado por las colonias griegas de Magna Grecia,[34] que habían sido aliadas de los samnitas, y la continua expansión de Roma hizo surgir el inevitable conflicto.[35] [36]

Cuando, tras una disputa diplomática entre Roma y la colonia griega de Tarento,[37] estalló una guerra abierta en la batalla naval de Turios,[36] Tarento pidió ayuda militar a Pirro, rey de Epiro.[38] [36] Motivado por sus obligaciones diplomáticas con Tarento y un deseo personal de realización militar,[39] Pirro trasladó un ejército griego de unos 25.000 hombres[36] y un contingente de elefantes de guerra en 280 adC a suelo italiano,[40] donde sus fuerzas se unieron a algunos colonos griegos y una parte de los samnitas que se rebeló contra el control romano.

El ejército romano todavía no había visto elefantes en batalla,[41] y su inexperiencia torció la balanza en favor de Pirro, en la Batalla de Heraclea, en 280 adC,[36] [42] [41] y de nuevo en la Batalla de Ausculum en 279 adC.[43] [42] [44] [41] A pesar de estas victorias, la posición de Pirro en Italia era insostenible. Roma rechazó firmemente negociar con Pirro mientras su ejército permaneciera en Italia.[45] Además, Roma firmó un tratado de apoyo mutuo con Cartago, y Pirro descubrió que, contrariamente a sus expectativas, ninguno de los otros pueblos itálicos se uniría a la causa griega y samnita.[46] Al sufrir unas pérdidas inaceptables en cada enfrentamiento con el ejército romano y no lograr encontrar más aliados en Italia, Pirro se retiró de la península e hizo campaña en Sicilia contra Cartago,[47] abandonando a sus aliados a hacer frente a los romanos por su cuenta.[35]

Cuando su campaña siciliana también terminó siendo un fracaso, a petición de sus aliados italianos, Pirro volvió a Italia para enfrentarse a Roma una vez más. En 275 adC, Pirro se enfrentó de nuevo all ejército romano en la Batalla de Benevento.[43] Esta vez los romanos habían ideado métodos para tratar con los elefantes de guerra, incluyendo el uso de jabalinas,[43] fuego[47] y, según una fuente, simplemente golpear fuertemente a los elefantes en la cabeza.[41] Aunque la batalla de Benevento no fue decisiva,[47] Pirro se dio cuenta de que tantos años de campañas extranjeras habían agotado y mermado a su ejército y, viendo poca esperanza de mayores ganancias, se retiró completamente de Italia.

Sin embargo, los conflictos con Pirro tendrían un gran efecto en Roma. Esta había demostrado ser capaz de hacer frente a las potencias militares dominantes del Mediterráneo, y demostró con mayor seguridad que los reinos griegos eran incapaces de defender sus colonias en Italia y en otras partes del extranjero. Roma ocupó rápidamente el sur de Italia, subyugando y dividiendo a Magna Grecia.[48] Dominando efectivamente la península itálica,[49] y con una demostrada reputación militar internacional,[50] Roma empezó a mirar hacia afuera para expandirse más allá del suelo italiano. Como los Alpes formaban una barrera natural al norte, y Roma no tenía interés en enfrentarse de nuevo a los fieros galos en batalla, la mirada de la ciudad se volvió hacia Sicilia y las islas del Mediterráneo, una política que los llevaría al conflicto directo con su anterior aliado, Cartago.[51] [50]

[editar] Guerras Púnicas (264?146 adC)

Artículo principal: Guerras Púnicas
Teatro de las Guerras Púnicas
Teatro de las Guerras Púnicas

Roma empezó a hacer la guerra fuera de la península itálica en las Guerras Púnicas contra Cartago, antigua colonia fenicia[52] de la costa norte de África que se había desarrollado hasta ser un estado poderoso. Estas guerras, que comenzaron 264 adC,[53] fueron probablemente el mayor conflicto de la antigüedad[54] y vieron a Roma convertirse en una potencia mediterránea, con territorios en Sicilia, África del Norte, España y, tras las Guerras Macedónicas, Grecia.

La Primera Guerra Púnica comenzó en 264 adC, cuando las colonias griegas de Sicilia empezaron a apelar a las dos potencias entre las que se encontraban (Roma y Cartago) para resolver conflictos internos.[53] Los deseos de Roma y Cartago de verse implicados en los asuntos de una tercera parte podrían indicar su voluntad de comprobar mutuamente su poder sin entrar en una guerra completa de aniquilación; había ciertamente un considerable desacuerdo dentro de Roma sobre la pertinencia de buscar la guerra en absoluto.[55] La guerra comenzó muy pronto en Sicilia, con batallas terrestres como la deAgrigento, pero el teatro de operaciones se trasladó después a las batallas navales en las costas de Sicilia y África. Para los romanos, la guerra naval era un concepto relativamente inexplorado.[56] Antes de la Primera Guerra Púnica, en 264 adC, no existía una armada romana como tal, ya que todas las guerras anteriores de Roma se habían librado en Italia. La nueva guerra en Sicilia contra Cartago, una gran potencia naval,[57] forzó a Roma a construir rápidamente una flota y entrenar marineros.[58]

Roma se estrenó en la guerra naval «como un ladrillo en el agua»[51] y las primeras batallas navales de la Primera Guerra Púnica fueron verdaderas catástrofes, como era razonable esperar de una ciudad que no tenía una verdadera experiencia en guerra naval. Sin embargo, después de entrenar a más marineros e inventar una máquina de abordar llamada corvus ('cuervo'),[59] una fuerza naval romana bajo el mando de C. Duillius consiguió derrotar contundentemente a una flota cartaginesa en la Batalla de Mylae. En solo cuatro años, un estado sin ninguna experiencia naval había conseguido superar en batalla a una potencia marítima importante. Se sucedieron otras victorias navales en la Batalla de Tyndaris y la Batalla del Cabo Ecnomo.[60]

Tras haber ganado el control de los mares, una fuerza romana desembarcó en la costa africana bajo el mando de Régulo, que en principio fue victorioso, ganando la Batalla de Adys[61] y forzando a Cartago a pedir la paz.[62] Sin embargo, los términos de la paz que proponía Roma eran tan duros que las negociaciones fracasaron[62] y, en respuesta, los cartagineses contrataron a Xantipo, un mercenario de la marcial ciudad-estado griega Esparta, para reorganizar y liderar su ejército.[63] Xantipo consiguió aislar al ejército romano de su base y reestablecer la supremacía naval de Cartago, luego venció y capturó a Régulo[64] en la Batalla de Túnez.[65]

A pesar de ser derrotados en el suelo africano, con sus nuevas habilidades navales, los romanos vencieron contundentemente de nuevo a los cartagineses en una batalla naval ?en gran parte mediante las innovaciones tácticas de la flota romana[53] ?, la Batalla de las Islas Egadas, y dejando a Cartago sin flota y sin dinero suficiente para construir una. Para una potencia marítima, la pérdida de su acceso al Mediterráneo afectó financiera y psicológicamente, y los cartagineses volvieron a pedir la paz,[66] durante la cual los romanos lucharon con la tribu de los liguros[67] y con los insubros.[68]

La continua desconfianza condujo a la renovación de las hostilidades en la Segunda Guerra Púnica, cuando Aníbal Barca, un miembro de la familia bárcida de nobleza cartaginesa, atacó Sagunto,[69] [70] una ciudad con lazos diplomáticos con Roma.[71] Luego Aníbal formó un ejército en España y cruzó famosamente los Alpes italianos para invadir Italia.[72] [73] En la primera batalla en suelo italiano, la Batalla del Ticino, en 218 adC, Aníbal venció a los romanos, bajo el mando de Escipión el viejo, en una pequeña batalla de caballería.[74] [75] El éxito de Aníbal continuó con las victorias en la Batalla del Trebia,[74] [76] la Batalla del Lago Trasimeno,[77] [78] y la Batalla de Cannas,[79] [80] en lo que se considera una de las grandes obras maestras del arte táctico, y durante un tiempo «Aníbal parecía invencible»,[72] capaz de doblegar a los ejércitos romanos a voluntad.[81]

En las tres batallas de Nola, el general romano Marco Claudio Marcelo consiguió contener a Aníbal, pero luego Aníbal aplastó a una sucesión de ejércitos consulares romanos en la Primera Batalla de Capua, la Batalla del Silaro, la Segunda Batalla de Herdonia, la Batalla de Numistro y la Batalla de Asculum. Por entonces, el hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca, quería cruzar los Alpes hacia Italia y unirse a su hermano con un segundo ejército. Aunque vencido inicialmente en España en la Batalla de Baecula, el ejército de Cayo Claudio Nerón venció a Asdrúbal en la Batalla del Metauro.[72]

«Aparte del encanto de la personalidad de Escipión y su importancia política como el fundador del dominio mundial de Roma, su trabajo militar tiene mayor valor para los estudiantes modernos de la guerra que cualquier otro capitán del pasado. Su genio le reveló que la paz y la guerra son las dos ruedas sobre las que corre el mundo».
BH Liddell Hart sobre Escipión el Africano[82]

Incapaces de vencer a Aníbal por sí mismos en suelo italiano, y con Aníbal atacando ferozmente la campiña italiana pero poco dispuesto o incapaz de destruir la propia Roma, los romanos tuvieron la audacia de enviar un ejército a África con la intención de amenazar la capital cartaginesa.[83] En 203 adC, en la Batalla de los llanos del Bagradas, el ejército invasor romano, bajo el mando de Escipión el Africano, venció al ejército cartaginés de Asdrúbal Gisco y Sifax, y Aníbal se retiró a África.[72] En la famosa Batalla de Zama, Escipión venció contundentemente[84] ?quizás incluso aniquiló al ejército de Aníbal en el Norte de África?, poniendo fin a la Segunda Guerra Púnica.

Cartago nunca consiguió recuperarse tras la Segunda Guerra Púnica[85] y la Tercera Guerra Púnica que siguió fue en realidad una simple misión punitiva para arrasar la ciudad de Cartago hasta sus cimientos.[86] Cartago estaba prácticamente indefensa y cuando fue asediada ofreció su rendición inmediata, accediendo a una serie de exigencias escandalosas por parte de Roma.[87] Los romanos rechazaron la rendición, exigiendo como un término de rendición más la completa destrucción de la ciudad[88] y, viendo que no tenían mucho que perder,[88] los cartagineses se prepararon para luchar.[87] En la Batalla de Cartago, tras un breve asedio la ciudad fue asaltada y completamente destruida,[89] y su cultura "casi totalmente extinguida".[90]

[editar] Guerras Ilíricas (229?219 adC)

Guerras Ilíricas
Guerras Ilíricas
Artículo principal: Guerras Ilíricas

Tras la Primera Guerra Púnica, los romanos volcaron su actividad militar en intentar erradicar la piratería que asolaba el Mar Adriático. Detrás de los actos de piratería que hacían peligrar las rutas comerciales de los romanos estaba la Reina Teuta, señora de Iliria. Cuando los romanos intentaron entablar negociaciones con la reina mediante el envío de embajadores, esta dio orden de darles muerte. Esto desembocó en un conflicto que se conoce como Primera Guerra Ilírica (229 adC?228 adC). Durante este conflicto, los cónsules Lucio Postumio Albino y Cneo Fulvio Centumalo, a la cabeza de un ejército, fueron capaces de derrotar a los ilirios, estableciendo una gran parte del territorio como un protectorado romano y ascendiendo al poder a Demetrio de Faros para que controlara a la Reina Teuta.

Durante ocho años se mantuvo la paz entre los ilirios y los romanos, pero en 220 adC, Demetrio de Faros, viendo que Roma estaba luchando contra los celtas de la Galia Cisalpina e iniciando el conflicto con Cartago que se conocería como Segunda Guerra Púnica, alimentó sus ansias expansionistas creyendo que Roma, que ya estaba en guerra con otros dos contendientes, no sería capaz de responder a una ofensiva por parte de Iliria. Demetrio, a la cabeza de una flota de 90 navíos de guerra, inició las hostilidades con Roma en 220 adC, a pesar de que habían sido los propios romanos los que le habían brindado la oportunidad de acceder al poder. Este conflicto iniciado por el líder ilirio se conocería como Segunda Guerra Ilírica. Tras una serie de victorias sin importancia, Demetrio fue derrotado por el almirante naval Lucio Emilio Paulo, padre del general Lucio Emilio Paulo Macedónico, que sería el vencedor en la Tercera Guerra Macedónica. Demetrio, tras ser derrotado, huyó a la corte del Rey Filipo V de Macedonia, donde permaneció como uno de los mayores consejeros del monarca heleno.

[editar] Conquista de la península ibérica (218?19 adC)

Avance romano en la Península Ibérica
Avance romano en la Península Ibérica
Artículo principal: Conquista de Hispania

El conflicto de Roma con los cartagineses en las Guerras Púnicas les llevó a expandirse por la península ibérica, las actuales España y Portugal.[91] El imperio púnico de la familia bárcida consistía en territorios de Iberia, gran parte del cual quedó bajo control romano durante las Guerras Púnicas. Italia siguió siendo el principal teatro de la guerra durante gran parte de la Segunda Guerra Púnica, pero los romanos también intentaron destruir el Imperio Bárcida en Iberia y evitar que los principales aliados púnicos conectaran con las fuerzas de Italia.

Con los años, Roma se había expandido gradualmente a lo largo de la costa sur de Iberia hasta capturar la ciudad de Sagunto en 211 adC. Tras dos importantes expediciones militares a Iberia, los romanos terminaron aplastando el control cartaginés de la península en 206 adC, en la Batalla de Ilipa, y la península pasó a ser una provincia de Roma conocida como Hispania. A partir del 206 adC, la única oposición al control romano de la península provino de las propias tribus nativas celtíberas, que debido a su falta de cohesión no consiguieron evitar la expansión romana.[91]

Tras dos rebeliones a pequeña escala en 197 adC,[92] en 195?194 adC estalló la guerra entre los romanos y el pueblo lusitano, llamada Guerra Lusitana, en lo que hoy es Portugal.[93] En 179 adC, los romanos habían conseguido pacificar la mayor parte de la región y ponerla bajo su control.[92]

Alrededor de 154 adC,[92] resurgió una importante revuelta en Numancia, conocida como la Primera Guerra Numantina,[91] en la que se produjo una larga guerra de resistencia entre las fuerzas en avance de la república romana y las tribus lusitanas de Hispania. El pretor Serbio Sulpicio Galba y el procónsul Lucio Licinio Luculo llegaron en 151 adC y comenzaron el proceso de dominar a la población local.[94] Galba traicionó a los líderes lusitanos, a los que había invitado a unas negociaciones de paz y que luego mató, en 150 adC, dando un fin poco glorioso a la primera fase de la guerra.[94]

Los lusitanos se sublevaron de nuevo en 146 adC bajo un nuevo líder llamado Viriato,[92] invadiendo Turdetania (sur de España) en una guerra de guerrillas.[95] Los lusitanos gozaron de un éxito inicial, venciendo al ejército romano en la Batalla de Tribola y saqueando Carpetania,[96] y luego venciendo a un segundo ejército romano en la Primera Batalla del Monte Venus, en 146 adC, de nuevo saqueando una ciudad cercana (Segóbriga).[96] En 144 adC, el general Quinto Fabio Máximo Emiliano hizo una exitosa campaña contra los lusitanos, pero fracasó en sus intentos de arrestar a Viriato.

En 144 adC, Viriato formó una liga contra Roma con varias tribus celtíberas[97] y las persuadió para que se alzaran también contra Roma en la Segunda Guerra Numantina.[98] La nueva coalición de Viriato venció a los ejércitos romanos en la Segunda Batalla de Venus en 144 adC[98] En 139 adC fue finalmente asesinado mientras dormía por tres de sus compañeros, a los que roma había prometido recompensas.[99] En 136 y 135 adC se hicieron otros intentos para obtener un control completo sobre la región de Numancia, pero fracasaron. En 134 adC, el cónsul Escipión Emiliano consiguió finalmente suprimir la rebelión tras su exitoso sitio de Numancia.[100]

Como la invasión romana de la península ibérica había comenzado en el sur con los territorios