
Museo del Prado
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| Museo del Prado | |
|---|---|
Fachada principal del Museo del Prado, con la estatua de Velázquez. |
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| Coordenadas | |
| País | |
| Ciudad | Madrid |
| Director | Miguel Zugaza |
| Construcción | Proyecto aprobado en 1786 |
| Inauguración | 19 de noviembre de 1819 |
| Superficie | 45.000 m² aprox. |
| Horario | Martes-Domingo, 9:00-20:00 Cerrado: Lunes, Año Nuevo, Viernes Santo, 1 de mayo y Día de Navidad. |
| Visitantes | 2.652.924 (2007)[1] |
| Dirección | Paseo del Prado s/n |
| Número telefónico | 91 420 28 36 |
| Sitio web | Página oficial del Museo |
El Museo del Prado es una de las pinacotecas más importantes del mundo, y cuenta con una inigualable colección de pintura española, italiana y flamenca. Está situado en Madrid, España. Junto con el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Reina Sofía, forma el Triángulo del Arte, meca de numerosos turistas de todo el mundo. Esta área se enriquece con otras instituciones cercanas: el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Artes Decorativas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y otros pequeños museos.
Tabla de contenidos |
[editar] Historia
El edificio que alberga el Museo del Prado fue concebido inicialmente por José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca y valido del rey Carlos III, como Gabinete de Historia Natural, en el marco de una serie de instituciones de carácter científico (pensadas según la nueva mentalidad de la Ilustración) para la reurbanización del llamado Salón del Prado. Con este fin, Carlos III contó con uno de sus arquitectos predilectos, Juan de Villanueva, autor también del cercano Jardín Botánico.
El proyecto arquitectónico de la actual pinacoteca fue aprobado por Carlos III en 1786. Supuso la culminación de la carrera de Villanueva y una de las cimas del neoclasicismo español, aunque dada la larga duración de las obras y avatares posteriores, el resultado definitivo se apartó un tanto del diseño inicial.
Las obras de construcción se desarrollaron durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, hasta el punto de que el edificio quedó prácticamente finalizado a principios del siglo XIX. Pero la llegada de las tropas francesas a España y la guerra de la Independencia dejaron su huella en él; se destinó a fines militares (Cuartel de caballería) y cayó en un estado casi de ruina total. Las planchas de plomo de los tejados fueron fundidas para la fabricación de balas. Sólo gracias al interés manifestado por Fernando VII y, sobre todo, de su segunda esposa Isabel de Braganza, se inició, a partir de 1818, la recuperación del edificio, sobre la base de nuevos diseños del propio Villanueva, sustituido a su muerte por su discípulo Antonio López Aguado.
El 19 de noviembre de 1819 se inauguraba discretamente el Museo Real de Pinturas (primera denominación del museo), que mostraba algunas de las mejores piezas de las Colecciones Reales Españolas, trasladadas desde los distintos Reales Sitios. Fallecida la reina meses antes, en reconocimiento de su labor se bautizaría con su nombre al salón ovalado (actual Sala 12, de Velázquez) que en aquel entonces tenía un balconaje desde el cual se podía observar la galería de escultura de la planta baja (luego convertida en salón de actos y actual Sala de las Musas). En este comienzo el museo contaba con 311 cuadros expuestos en tres salas, aunque almacenaba muchos más. En años sucesivos se irían añadiendo nuevas salas y obras de arte, destacando la incorporación de los fondos del Museo de la Trinidad, creado a partir de obras de arte requisadas en virtud de la Ley de Desamortización de Mendizábal (1836). Dicho museo se fusionó con el Prado en 1872. Tras el destronamiento de la reina Isabel II de España en 1868, el Museo Real había pasado a ser nacional, medida ya irreversible al fusionarse con el de la Trinidad. Después se fueron integrando en él otras instituciones, entre la que destaca especialmente la llegada de la sección de siglo XIX del Museo Nacional de Arte Moderno en 1971 ?cuya sección de siglo XX se integra hoy en el Museo Reina Sofía?. La incorporación de las colecciones del Museo de Arte Moderno, trajeron aparejado, además, el ingreso de las colecciones de otros museos más, por entonces también desaparecidos: El Museo de Ultramar y el Museo Iconográfico, que obligarían a la institución a incrementar su política de difusión de fondos, mediante la creación de depósitos estables de obras de arte en otras instituciones publicas y privadas, dentro y fuera de la Península.
Durante el siglo XIX y buena parte del XX, el Prado vivió una situación de cierta precariedad, pues la transición de institución privada a pública requería muchas más atenciones por parte del Estado de las que se le brindaron. Las deficientes medidas de seguridad, con una parte del personal del museo residiendo en él y montones de leña almacenados para las estufas, provocaron la alarma de algunos entendidos. Es conocido el artículo de Mariano de Cavia, que informaba de un (ficticio) incendio que había arrasado el Prado. Los madrileños se acercaron al lugar alarmados, y la falsa noticia ayudó a la adopción de algunas mejoras de urgencia.
A pesar de diversas ampliaciones de alcance menor, el Prado sufría limitaciones de espacio, más graves a partir de los años 60, cuando el boom turístico disparó el número de visitantes. Poco a poco, la pinacoteca se adaptó a las nuevas exigencias técnicas; el sistema de filtraje y control del aire se instaló en los años 80, coincidiendo con la restauración de muchas pinturas de Velázquez. El tejado, construido con materiales dispares y mediante sucesivos remiendos, sufrió ocasionales goteras y no sería renovado enteramente hasta los años 90.
En 1995, un acuerdo parlamentario suscrito por los dos principales partidos, PP y PSOE, puso al museo a salvo de los vaivenes políticos y proporcionó la calma necesaria para un proceso de modernización, que incluía cambios jurídicos además de la ampliación. Ésta, tras un controvertido concurso de ideas, fue adjudicada al arquitecto Rafael Moneo, ya bien conocido en estas lides por sus trabajos en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y el Museo Thyssen-Bornemisza.
[editar] Directores del Museo
La dirección del Museo del Prado, desde su fundación al momento presente se desarrolla en tres grandes etapas:
- Los Grandes de España (Marqués de Santa Cruz, Príncipe de Anglona, Duque de Hijar), que asumieron labores administrativas ayudados para las cuestiones artísticas de Vicente López, primer pintor de Cámara de Fernando VII.
- Pintores de Corte, Académicos o Artistas de gran reputación que asumieron efectivamente el cargo, (José de Madrazo, Juan Antonio de Ribera, Federico de Madrazo, Antonio Gisbert, Francisco Sans Cabot, Vicente Palmaroli, Francisco Pradilla o José Villegas, entre otros).
- Profesionales del mundo del arte (Aureliano de Beruete y Moret, Francisco Javier Sánchez Cantón, Diego Angulo Íñiguez, Alfonso E. Pérez Sánchez, Xavier de Salas, Francisco Calvo Serraller, José María Luzón Nogué, Fernando Checa Cremades o el actual director, Miguel Zugaza Miranda).
[editar] La formación de la Colección Real
La mayoría de las obras maestras del Museo procede de la monarquía española. Estas obras fueron coleccionadas durante tres siglos por los Reyes de España para decorar sus palacios y casas de campo: el Alcázar, el Pardo, la Torre de la Parada, el Buen Retiro, La Granja de San Ildefonso, Aranjuez, así como los monasterios de Yuste y el Escorial. Son fruto de encargos directos a pintores, de regalos y de adquisiciones mediante sus embajadores y enviados a las distintas ventas y almonedas de colecciones privadas en toda Europa.
La Colección Real de pinturas se cimentó en tiempos de Felipe II. Los Reyes Católicos y monarcas anteriores ya encargaron y coleccionaron pinturas, pero éstas solían venderse cuando ellos fallecían. De la colección de Isabel la Católica subsiste la pequeña parte que donó a la Capilla Real de Granada; incluye una rara pintura de Botticelli.
Carlos I encargó mayormente retratos y obras religiosas con un fin práctico, sin ánimo de coleccionar. Fue su hijo Felipe II quien empezó a valorar la Colección Real como un tesoro a preservar, y la adscribió a la Corona como patrimonio indivisible. Tras una etapa no muy brillante con Felipe III, fue su hijo Felipe IV quien cambió el perfil de la colección, elevándola a categoría europea. Baste mencionar a Velázquez, a quien el rey dio empleo durante cuarenta años. Gracias al apoyo real, Velázquez disfrutó de estabilidad económica sin tener que renunciar a su peculiar estilo.
Carlos II, a pesar de su oscura fama, preservó la unidad de la colección; así, impidió que la gran Adoración de los magos de Rubens fuese regalada por su esposa Mariana de Neoburgo a un noble extranjero. También trajo a Luca Giordano desde Nápoles para decorar el monasterio del Escorial, el Casón del Buen Retiro y otros palacios.
La nueva dinastía Borbón empezó con mal pie en España: reinando Felipe V, el Alcázar de Madrid ardió y se perdieron numerosas obras maestras. El desastre se palió con la construcción del actual Palacio de Oriente, y el rey, junto con su esposa Isabel de Farnesio, sumó pinturas de Poussin y Murillo, así como la colección de escultura clásica de Cristina de Suecia.
Carlos III dio prioridad a la arquitectura en detrimento de la pintura, pero a él se debe la construcción del edificio del museo, así como la compra de La reina Artemisa de Rembrandt, único ejemplo de dicho artista. Su hijo Carlos IV, a pesar de su escasa habilidad política, es recordado como mecenas de Goya y porque durante un viaje a Italia adquirió el Retrato de cardenal de Rafael.
Tras la etapa napoleónica, Fernando VII culminó un proyecto esbozado ya en tiempos de su padre: la fundación de un museo a la imagen del Louvre de París. Con el impulso de su esposa Isabel de Braganza, aportó dinero de su «bolsa personal», remozó el edificio proyectado por Carlos III e inauguró el Museo del Prado el 19 de noviembre de 1819.
El museo, con la denominación de Museo Real, se mantuvo como propiedad de los reyes hasta el destronamiento de Isabel II de España (1868). Ya anteriormente había eludido un gravísimo peligro, cuando se planteó, por cuestiones hereditarias, tasar la colección y dividirla entre la reina y su hermana. La fusión del Prado con el Museo de la Trinidad terminó por afianzar su nueva condición de Museo Nacional.
| Los principales artífices de la colección real de pintura | |||
|---|---|---|---|
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Tiziano |
Sofonisba Anguissola |
Velázquez |
Jean Ranc |
[editar] Localización
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[editar] Ampliaciones y reformas
Entre las reformas más importantes, por orden cronológico, cabe citar la de Narciso Pascual y Colomer, que diseñó la basílica y el ábside del cuerpo central (1853); la de Francisco Jareño, que desmonta la cuesta por la que se accedía a la fachada norte y crea una escalera monumental, abriendo ventanas en la parte baja (1882 y 1885); en 1927, Fernando Arbós construyó dos pabellones en la parte posterior del edificio; hacia la mitad del siglo se llevó a cabo la reforma de Pedro de Muguruza, con una remodelación de la galería central y una nueva escalera para la fachada norte (que contó con bastantes críticas, ya que destruyó la espléndida escalera ideada por Jareño), con la intención de dar más luz a la zona de la cripta; Chueca Goitia y Lorente realizaron a su vez ampliaciones en las salas (1956 y 1967). La incorporación del Casón del Buen Retiro, para albergar las colecciones de pintura de los siglos XIX y XX, se decidió en 1971.
Siguiendo el proyecto de Rafael Moneo, en 2007 se ha culminado la mayor ampliación del Museo en sus casi doscientos años de historia. Esta ampliación no ha supuesto cambios sustanciales para el Edificio Villanueva, centrándose en una ampliación hacia el claustro de los Jerónimos (el Cubo de Moneo) de forma que el museo cuente con una superficie nueva para actividades complementarias. La conexión entre ambos edificios se ha efectuado subterráneamente, aprovechando el desnivel entre los Jerónimos (calle Ruiz de Alarcón) y el Paseo del Prado. La ampliación se presentó el 27 de abril de 2007 si bien la inauguración oficial no tuvo lugar hasta medio año después, el 30 de octubre de 2007, con una selección de la colección de pintura española del siglo XIX, que había permanecido almacenada unos once años.
[editar] Descripción del edificio de Villanueva
Está formado por un cuerpo central al que flanquean unas galerías alargadas que terminan en unos pabellones cuadrados en cuyo interior se cobijan las rotondas.
El cuerpo central sobresale con una construcción que tiene seis columnas de orden toscano, un entablamento, una cornisa y un ático que lo remata. En su cara posterior, termina en forma semicircular o absidial, de tal modo que su plano adopta forma basilical. Originariamente, dicha estancia abarcaba las dos plantas de altura, y a finales del XIX se dividió en dos pisos. El inferior era la sala de juntas, hasta su reciente conversión en recibidor. La planta superior es la actual sala 12, presidida por Las Meninas.
Las dos galerías laterales tienen dos plantas en altura. La inferior con unos ventanales profundos y alargados que acaban en un arco de medio punto y la superior con una galería de columnas jónicas (en la actualidad hay un tercer piso retranqueado, obra posterior).
La fachada norte tiene un pórtico con columnas jónicas y sobre ellas un entablamento. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio. Cuando se construyó el edificio, la primera planta quedaba, por ese lado, bajo el nivel del terreno, que por aquella época bajaba en una pequeña cuesta hasta el paseo del Prado, hasta que más tarde se desmontó este desnivel hasta ponerlo a la misma altura que el suelo real del monumento. Hubo que construir una escalinata para su acceso (1882).
La fachada sur (que da a la plaza de Murillo, frente al Jardín Botánico) tiene un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia o galería con seis columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento.
El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. En la parte norte hay una rotonda con ocho columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.
En el exterior, en la fachada que da al Paseo del Prado, se encuentra la Puerta de Velázquez, con un frontis de orden dórico que incorpora el relieve del ático, y las estatuas y medallones alegóricos al rey Fernando VII como protector de las ciencias, las artes y la técnica. Frente a esta puerta está ubicada la estatua de Velázquez, obra del escultor Aniceto Marinas. El pedestal es de Vicente Lampérez. Tiene una dedicatoria: Los artistas españoles, por iniciativa del Círculo de Bellas Artes, 1899. Este monumento se inauguró el día 14 de junio de ese mismo año con la presencia de la Reina Regente y de Alfonso XIII. Fue una ceremonia muy emotiva en la que se rindió homenaje y reconocimiento al gran pintor Velázquez y a la pintura española. Además de los reyes acudieron al acto:
- Como delegados de Francia, los pintores Jean Paul Laurens y Crolus Durand. Depositaron coronas con cintas que llevaban los colores franceses y en las que podía leerse: «Au grand Velázquez, les peintres français».
- Los embajadores de Alemania y Austria.
- Mr. Poyter, director del Royal Academy y Royal Gallery de Londres.
- Mariano Benlliure, en nombre de los artistas de Roma.
- Representación de la Academia de Bellas Artes y Ayuntamiento de Sevilla.
- Asociación de Escritores y Artistas.
- Escuela de Bellas Artes de Madrid, Barcelona y Valladolid.
- Sociedad de Arquitectura, Ayuntamiento, Diputación y Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Existen además, junto a sus puertas principales, otros dos monumentos del siglo XIX, dedicados a Goya y a Murillo.
[editar] Algunas curiosidades
Ningún museo o colección en el mundo alberga tantas y tan importantes obras de los siguientes artistas como el Museo del Prado:
- Goya (133 pinturas, incluyendo casi todos sus cartones para tapices)
- Tiziano (40 pinturas), junto con importantes series de Tintoretto y Veronés
- El Greco (36)
- Patinir (varias de sus obras maestras, de su cortísima producción)
- Rubens (alrededor de 80 obras, algunas pintadas a dúo con otros artistas)
- Velázquez (unas 45 pinturas, de las apenas 100 catalogadas)
- Eduardo Rosales, con casi 200 obras, entre pinturas y dibujos.
En el museo se encuentra el cuadro llamado La Gloria pintada por Tiziano para Carlos V, que junto al retrato de la Emperatriz le acompañarían en su retiro del monasterio de Yuste en Cáceres, Extremadura.
Se guarda también el Retrato ecuestre de la reina Margarita del pintor Bartolomé González, mostrando dos de las joyas más famosas del Joyero de la Corona de España: la perla llamada Peregrina (que actualmente se cree identificar por algunos con la que está en poder de Elizabeth Taylor) y el diamante el Estanque, hallado en tierra de Madrid y tallado por Jacome Trezzo.
Se encuentran asimismo las pinturas con que Goya decoró su finca de Madrid llamada «La quinta del sordo». Adquirida la propiedad por el barón Emil d?Erlanger, ordenó su traslado a lienzo y, tras presentarlas en París, al no despertar el interés del Museo del Louvre, decidió legarlas al Prado.
En sus inicios, el museo abría apenas dos o tres días a la semana, y cerraba siempre que llovía, se supone que para evitar masificaciones y suciedad. Por otro lado, durante un tiempo las salas de escultura no estuvieron debidamente pavimentadas, y el polvo debía eliminarse regando el suelo con agua, aunque pronto se esteró y posteriormente se instaló tarima de madera en casi todas las salas. Por cuestiones de seguridad, la madera fue sustituida por mármol después de los años 30.
[editar] El Museo y la sociedad
Como primera institución cultural española, el Prado es un organismo público, sostenido con los impuestos de los ciudadanos, pero que a su vez es objeto de numerosas atenciones de toda la sociedad. Muchas iniciativas se materializan en forma de donaciones y legados. A lo largo de su historia, el Prado ha acogido muy distintos legados de colecciones y de obras de arte de propietarios particulares que han querido contribuir al enriquecimiento del patrimonio público español en su más importante y famosa colección. Así son especialmente conocidos los Legados Errazu, Fernández Durán o Pablo Bosch, y más recientemente el de la Marquesa de Balboa, que han legado a perpetuidad importantes conjuntos de obras a las colecciones del Prado, uniendo para siempre su nombre al del Museo. Grandes instituciones privadas recurren ahora a la forma de dación en pago de impuestos, para colaborar económicamente con el enriquecimiento de la pinacoteca, que puede así comprar de forma ágil costosas obras de arte en el mercado. Por último, hay que mencionar la generosidad de algunos particulares que han donado importantes cantidades económicas al Museo con el fin de que se adquieran nuevas obras o de proveerlo de nuevas instalaciones, como hizo a su muerte Fernando Villaescusa y como acaba de hacer S. M. Don Juan Carlos I, al donar íntegramente la cuantía del premio que le ha otorgado la Mutua Madrileña al Prado.
El Museo organiza periódicamente exposiciones públicas de arte, fundamentalmente de pintura, relacionadas por lo general con la riqueza específica de sus propias colecciones históricas, aunque en excepcionales ocasiones acoge exposiciones que complementan las grandes ausencias de obras de algunos importantes artistas en el Museo. Así, realiza además ciclos de conferencias y de conciertos, también en conexión con la propia tradición histórica del Prado, que son de acceso público y gratuito y desarrolla una amplísima labor difusora del conocimiento de sus colecciones a través de ambiciosos programas educativos destinados a centros docentes fuera y dentro de la Comunidad de Madrid.
[editar] Actividad científica del Museo del Prado
El Museo Nacional del Prado cuenta con un importante número de investigadores en sus distintas Áreas de Conservación, y establece colaboraciones con otros reputados investigadores e historiadores del Arte para desarrollar algunos de sus proyectos más importantes. Además, de forma continua, publica un Boletín en el que prestigiosos autores estudian aspectos inéditos de muchas de sus obras, así como un amplio número de catálogos de exposiciones y catálogos razonados de sus cuantiosas colecciones. Cuenta con un gabinete técnico y un laboratorio químico en el que se hacen estudios de las obras de su colección o de otras obras importantes, en relación con campañas de restauración. El Museo, además, a través de su Área de Educación, organiza Cursos de Alta Especialización, Congresos internacionales y symposia.
[editar] Colecciones del Museo
- Pintura española.
Con gran diferencia, la mayor y más importante colección del mundo. Cronológicamente abarca desde murales románicos del siglo XII hasta el final del siglo XIX. Sus ricas colecciones incluyen pintura medieval, con Bartolomé Bermejo, Juan de Flandes y Berruguete, renacentista, con autores como Pedro Machuca, Juan de Juanes y Juan Correa de Vivar, manierista con el protagonismo absoluto de El Greco, y barroca con Zurbarán, Ribera, Murillo y Velázquez. Sólo las colecciones de estos cuatro autores suman 200 pinturas. Del siglo XVIII, destacan aparte de Goya los bodegones de Luis Meléndez y la variada colección de Luis Paret, considerado el mejor pintor español de estilo rococó. Desde hace muchos años se trabaja en la puesta en valor de la pintura española del siglo XIX posterior a Goya, que incluye riquísimos y muy caudalosos fondos desde el Neoclasicismo hasta Sorolla; las pinturas de este siglo suman casi 3.700 obras en total (más de la mitad de todas las pinturas del museo). Entre las últimas novedades de la colección española antigua, destacan las compras de La condesa de Chinchón de Goya, El barbero del Papa de Velázquez y la Colección Naseiro de bodegones, que ha cubierto múltiples lagunas dentro de tal temática.
- Pintura italiana.
Desde el primer Renacimiento, con unos pocos ejemplos de Fra Angélico, Mantegna, Antonello da Messina y Botticelli, hasta el siglo XVIII (Tiépolo y Corrado Giaquinto). También, ocho obras de Rafael y su taller, obras maestras de Correggio, Bronzino, Andrea del Sarto, Sebastiano del Piombo, Federico Barocci, Annibale Carracci, Caravaggio, Guido Reni, Guercino, Luca Giordano... y la mayor colección mundial de la escuela veneciana (Tiziano, Tintoretto, Veronés y Bassano).
- Pintura flamenca y holandesa.
Primitivos flamencos como Weyden (El Descendimiento de la cruz), Dieric Bouts, Petrus Christus y Hans Memling, y la mejor colección de El Bosco. Igualmente sobresalientes son las pinturas de Patinir, El Triunfo de la Muerte de Pieter Brueghel el Viejo y varias de Quentin Metsys y Pieter Coecke. Pintura flamenca del siglo XVII: una enorme colección de Rubens, más de 25 cuadros de van Dyck, varios de Jacob Jordaens, incluyendo su Autorretrato con su familia, y la serie de Los Cuatro Sentidos de Brueghel. Es una de las mejores colecciones flamencas del mundo, sólo comparable con la del museo de Viena. La pintura holandesa del XVII tiene una presencia mucho más corta, aunque incluye La reina Artemisa de Rembrandt y ejemplos de Gabriel Metsu, Adriaen van Ostade y Philips Wouwerman.
- Pintura francesa.
Apenas hay ejemplos anteriores a 1600, aunque los siglos XVII y XVIII cuentan con obras magistrales de Poussin, como El Triunfo de David y El Parnaso. Claudio de Lorena cuenta con varios paisajes magistrales. El tenebrismo cuenta con ejemplos llamativos de Georges de La Tour y Valentin de Boulogne. Retratistas de los borbones españoles, como Jean Ranc y Van Loo, tienen presencia junto a maestros rococós como Watteau y Boucher.
- Pintura alemana.
Reducida en número, pero de gran calidad. Cuatro de las obras maestras de Alberto Durero, entre ellas su Autorretrato de 1498 y la pareja de tablas de Adán y Eva, así como una Virgen y dos curiosas escenas de cacería de Lucas Cranach, dos alegorías muy importantes de Hans Baldung Grien y, ya del siglo XVIII, un rico grupo de retratos de Anton Raphael Mengs.
- Pintura inglesa.
Existe una pequeña colección de pintura inglesa, tanto de artistas nativos como de extranjeros que trabajaron de forma estable en aquel país: Thomas Gainsborough, Joshua Reynolds, Thomas Lawrence, David Roberts y ya de la época victoriana, Lawrence Alma-Tadema.
- Escultura.
Escultura griega y romana, también del siglo XVI y posterior. Destacan las Musas que pertenecieron a Cristina de Suecia, y que tras la última ampliación se ubican en el recibidor oval, bajo la sala de Las Meninas.
- Artes decorativas.
El Tesoro del Delfín, valiosa colección de orfebrería y gemas talladas. Además el Museo guarda una rica colección de tapices, armaduras porcelanas, así como el caudaloso monetario que fue de Alberto Bosch.
- Dibujos y estampas.
Sobresale la colección de dibujos de Goya, la más amplia del mundo. Junto a ella, la colección de dibujos españoles del siglo XIX, con más de 3.000 obras originales, es de extraordinaria importancia. Las colecciones de dibujos extranjeros son más desiguales, aunque incluyen notables ejemplos italianos; de manera sorprendente, en fecha reciente se identificaron dos bocetos de Miguel Ángel para la Capilla Sixtina.
[editar] Pintores del Museo
[editar] Galería adicional de fotos
[editar] Véase también
[editar] Referencias
[editar] Referencias bibliográficas
- BETTAGNO, Alessandro; BROWN, Christopher; CALVO, Francisco; HASKELL Francis; PÉREZ, Alfonso (1996), El Museo del Prado, Fonds Mercator. ISBN 90-6153363-5.
- PÉREZ, Alfonso (1993), El Prado, Londres: Scala Books. ISBN 1870248465.
- BALIS, A.; DÍAZ, M.;VAN DE VELDE, C.; VLIEGHE, H. (1991), La pintura flamenca en el Prado, Fonds Mercator. ISBN 84-87007-54-6.
[editar] Notas
[editar] Enlaces externos
Commons alberga contenido multimedia sobre Museo del Prado.Commons- Museo del Prado (Página web oficial)
- El Museo del Prado en el Centro Virtual Cervantes
- Historia, arquitectura y colección del Museo del Prado
- Las 15 obras imprescindibles del Museo del Prado
- Fotografías aéreas del Museo del Prado y otros lugares de interés de Madrid en Google Maps
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